jueves, 10 de marzo de 2016

TIPOLOGÍA DE LAS FUENTES MEDIEVALES

IDEAS: 


  1. Desigual distribución cualitativa y cuantitativa a lo largo de todo el periodo medieval de las fuentes. Las fuentes escritas son más abundantes y más diversificadas a partir del S. XII y los últimos siglos de la Edad Media (XIV y XV). Por el contrario las fuentes no escritas suelen abundar en la Alta Edad Media. 
  1. Distinta procedencia de las fuentes de época medieval. Hasta finales del medievo una gran parte de las fuentes tenían procedencia clerical y por ello esa documentación eclesiástica no mostraba su interés por la economía o la sociedad.

Para llevar a cabo una clasificación de las fuentes medievales hay que establecer dos grandes grupos: escritas y no escritas.

Fuentes escritas:


En el ámbito de la Edad Media las fuentes escritas o los textos son las fuentes históricas más importantes. Varios grupos o categorías:

Narrativas:

La historia: obra de un autor contemporáneo y testigo de los hechos.

Los anales: relatan acontecimientos anteriores al autor. El historiador se convierte en analista a medida que se alejaba de su época (año por año).

Las crónicas: género historiográfico más extendido durante el medievo. Los hechos históricos aparecen cronológicamente y de una forma más detallada que en los anales.

En el S. VII San Isidoro de Sevilla hizo una definición de cada género. Esta primera división va desapareciendo con el paso del tiempo. En el S. IX un cronista franco, Fredulfo de Lisieux, usaba los tres términos indistintamente para referirse a toda obra histórica que hiciese referencia al pasado. Incluso hasta el S. XVI esos tres términos se usaban para referirse a cualquier relato del pasado.

Fuentes narrativas secundarias:

Gestas y genealogías: hazañas de determinados personajes importantes. Estudio detallado de familias o linajes.

Biografías: gran difusión en todo el periodo de la Edad Media. De reyes, papas, obispos, nobles,…

Relatos de viajes: imprescindibles para conocer las peregrinaciones, las relaciones diplomáticas y comerciales. El libro de las maravillas de Marco Polo (S. XIII).

Hagiografías: información relativa a vidas de santos, sus milagros y el traslado de reliquias.

Correspondencia privada o cartas: Cartas de San Bonifacio (S. VIII) y de Alcuino de York (S. IX). Gran desarrollo en la Edad Media sobre todo en los últimos siglos de la Edad Media.

Fuentes literarias:

Obras de naturaleza técnica y científica:
Tratados de caza
Tratados de economía
Tratados de arquitectura
Tratados de mercadería
Tratados de medicina: sobresalen especialmente los de puericultura que se centraban en la medicina infantil.

Obras de naturaleza religiosa, jurídica y política:
El código de las 7 partidas de Alfonso X El Sabio (S. XIII).

Fuentes documentales: Tienen una importancia de primer orden en consonancia con las nuevas tendencias historiográficas que se centran sobre todo a estudios relativos a sociedad, economía e instituciones. En este sentido se puede decir que incluso han quitado protagonismo a otras fuentes. Presentan un grado de certeza mayor que las fuentes narrativas pues a diferencia de estas, esos documentos no fueron redactados con la finalidad de legar a la posteridad una interpretación particular de los hechos históricos. De hecho en palabras de Robert Delort, los testimonios que aportan los documentos ‘son sinceros, limpios y auténticos’. Además las fuentes documentales son un complemento indispensable de la información facilitada por las fuentes narrativas, porque además se corregir algunos errores de estas últimas, permite al historiador adentrarse en ciertos aspectos históricos únicamente conocibles por las fuentes documentales. Pero sin embargo para poder reconstruir el pasado, el historiador debe manejar todas las fuentes a su alcance.

Documentos cifrados: utilizados sobre todo desde un punto de vista estadístico y son de gran utilidad para la historia demográfica, económica y social.
Censo de población: permiten conocer los habitantes.
Libros de impuestos
Libros de matrículas universitarias: existe a partir del S. XIII.
Registros parroquiales: los libros de nacimientos, bautizos, matrimonios y defunciones.

Documentos de tipo legislativo o administrativo:
Disposiciones legislativas: otorgadas por el poder soberano que son imprescindibles para conocer la estructura política de los estados medievales. Destaca el Concordato de Worms que se otorgó en 1122 entre Enrique V y el Papa Calisto II.

Actas de reuniones municipales: se ponía por escrito los acuerdos tomados en los gobiernos municipales.
Actas de asambleas políticas generales: como las actas de los estados generales de Francia que empezaron a ser habituales a partir de Felipe el Hermoso de Francia (S. XIV).


Fuentes no escritas:


Fuentes monumentales:

Arquitectura: tanto religiosa, civil o militar.

Artes figurativas: escultura y pintura.

Artes industriales: cerámica, orfebrería, ajuar doméstico.

Se circunscribe a la historia del arte y a la arqueología medieval. Aunque a los historiadores del medievo también pueden usarla.

Numismática: estudio de las monedas.

Sigilografía: estudio de los sellos.

Heráldica: estudio de los escudos.

Epigrafía: estudio de las inscripciones.

Estudio de las armas.



Planos urbanos: fotografías aéreas que nos permiten conocer cuestiones relativas al urbanismo medieval.