miércoles, 19 de agosto de 2015

LA ESCRITURA HUMANÍSTICA


¿QUÉ ES LA ESCRITURA HUMANÍSTICA Y SUS ORÍGENES?


El punto inicial de esta escritura se encuentra en la decadencia de la escritura gótica, pues esta dio lugar a numerosos tipos dentro de ella, en toda Europa. Los escribas para aumentar las ganancias la realizaban de manera poco funcional, pues era complicada y difícil.
Esto desembocó en un confusionismo gráfico, al cual Petrarca se opuso, y para ello se basó para escribir en la romana, que en realidad era la minúscula carolina, buscando una letra precisa, sobria y limpia. Esta intención lleva a los círculos humanísticos de Florencia a desarrollar e innovar la escritura, lo que da lugar a la letra humanística caligráfica, que cada vez se irá haciendo más cursiva y manierista. En definitiva se trata de una escritura que recrea una escritura anterior.
Se llama humanística porque fue difundida por los Humanistas del siglo XIV y XV. Se expande primero por Italia, y después al resto de Europa, durante los siglos XIV-XV-XVI. En los primeros años de uso, fue una escritura elitista, y de hombres cultos, para escribir los libros de la época, pero con el tiempo se fue difundiendo por toda la sociedad, sin tener en cuenta el estrato social. Ese es uno de los motivos para que llegase hasta nuestros días.


Es una escritura de trazado rápido, sencilla y de fácil compresión y lectura, por todo esto ha llegado a la actualidad con pocas modificaciones. Es una escritura con poca decoración, muy lineal y se pueden encuadrar las letras en una figura geométrica. Es un alfabeto minúsculo, por lo que también se le llama minúscula humanística. Las letras mayúsculas se basan en las capitales romanas usadas para la epigrafía. Las letras minúsculas se basan en grafías carolinas.
Esta letra se usó en las cancillerías, curias, escuelas y escribanías, pues como expuse antes, su sencillez y facilidad la hacia rápida y legible, por lo que también es aceptada y usada por el pueblo, para libros o en los caracteres de imprenta.
Las tipografías más importantes y/o conocidas son las de Nicolaus Jenson, Claude Garamond y Aldo Manuzio[1].


TIPOLOGÍA Y PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS DE LA ESCRITURA HUMANÍSTICA


La aparición y expansión[2] de la escritura humanística en Europa representa uno de los fenómenos culturales de más alto alcance, donde las circunstancias históricas, como el desarrollo económico, la aparición de grandes potencias continentales, las exploraciones transoceánicas, el auge del Estado moderno y el acceso de estratos sociales cada vez más amplios a la alfabetización.
La escritura humanística se enmarca en unas coordenadas que afecta a un mayor número de personas, que desarrollan un conjunto de actividades que encontraron en esta escritura los cauces adecuados para su circulación, llegando estas nuevas formas gráficas a anular a las de tradición gótica.
Por tanto, lo que comenzó siendo un movimiento estético y filosófico contra la base del mundo medieval, acabó siendo una realidad cotidiana en cierta medida por la influencia que el capitalismo, en toda su cúspide, pudo imponer como práctica social.
La escritura humanística, ampara dos tipos de letras genéricamente diferentes, aunque las denominaciones utilizadas por los especialistas son muy variadas para cada tipo de letra.

LA ESCRITURA HUMANÍSTICA DERECHA (HUMANÍSTICA REDONDA)

De la humanística redonda o formada[3], podemos confirmar que su empleo, en su forma pura, es excepcional en todos los documentos a lo largo del siglo XVI. La humanística redonda es el paradigma de la escritura armoniosa, proporcionada, sencilla y clara.
Este tipo de letra fue utilizada para usos librarios fundamentalmente y para satisfacer las necesidades bibliográficas de los círculos intelectuales minoritarios. Esta modalidad humanística en su versión manuscrita, era un producto típico de una élite: sus creadores (que eran conocedores de la lengua latina) constituían una clase privilegiada.


Por tanto la difusión de este tipo de escritura era muy limitada, debido a la función a la que se destinaba, no siendo utilizada como un modelo de alfabeto en el aprendizaje común de la escritura.
En un primer momento fue conocida como littera antiqua. Luego ha recibido numerosas denominaciones "escritura humanística", "redonda" o "libraria", "minúscula humanística", "humanística derecha". Este último término es el utilizado, ya que es descriptivo de un rasgos morfológico que lo define, su verticalidad en la dirección del trazado (esta característica la distingue de la escritura humanística inclinada) y el diseño aislado de los signos alfabéticos, es generalmente llamada littera antiqua.
Los caracteres básicos de esta escritura reproducen los aspectos generales de la carolina, algunos caracteres gráficos típicos como la a de tipo uncial y la d suele ser derecha.
Los alzados y caídos, normalmente presentan un pequeño trazo complementario que ayuda a perfeccionar el acabado del diseño de la letra, que lo embellece y ayuda a su identificación.
Los enlaces serán casi inexistentes, excepto en los grupos st, ct y en el nexo et. También se verá favorecida la recuperación del diptongo ae o su indicación gráfica mediante una e caudada.
Va a ser en la redonda, donde con mayor facilidad se deslizan soluciones gráficas góticas o tradicionales. En algunos casos se puede afirmar que solo se observa una simplificación de las formas góticas: supresión generalizada de los caídos envolventes, trazado aislado de muchas de las letras, ahora mejor caligrafiadas, alguna g humanística, punto sobre i.
Durante el reinado de Felipe II volvemos a ver, como ocurre en la cursiva, los típicos caídos de h, p, q, y volviendo a la derecha para unirse con la siguiente letra.

En la segunda mitad del siglo XV se empieza a dar una modificación de sus pautas, sobre todo en aquellos lugares que no estaban bajo influencia florentina. Las principales notas son un módulo mayor, una mayor tendencia hacia formas redondeadas (sobre todo en el caso de la g), astiles muy marcados y derechos, lo que hace que esta escritura siga un modelo formal, más que un diseño azaroso.
Los calígrafos han definido esta última variante como "antiqua tonda”, transformándose en un modelo alfabético que adoptó la imprenta y que llega hasta nuestros días.

LA ESCRITURA HUMANÍSTICA INCLINADA (CURSIVA)

La escritura humanística inclinada[4], se define por su grado de inclinación en el trazado. Esta es llamada comúnmente "humanística cursiva" o "itálica".


El periodo de formación de este género se sitúa en la primera mitad del siglo XV. No se conoce con seguridad cual fue su origen, pero su campo de actuación fue diverso, ya que la encontraremos utilizada para la confección de manuscritos, la expedición de documentos y los apuntamientos de la vida cotidiana. También fue adoptada por la imprenta, dando origen a una letra que llega hasta nosotros. El éxito de esta se debe a su versatilidad funcional, unida a su sencillez de formas, su equilibrio y su claridad.
La escritura humanística cursiva está caracterizada por, una ligera inclinación a la derecha en el trazado de sus letras, cierta tendencia a unir algunas letras dentro de cada palabra (las letras tienden a usarse entre sí), lo que le otorga una mayor soltura. Presencia de algunas letras típicas como la cursiva redonda y cerrada, en lugar de uncial, d minúscula, astiles de de b, d, h y l con remate abultado y una ligera curvatura a la derecha, f y s alta que se prolongan por debajo de la línea del reglón, o s alta a principio y en medio de palabra y de doble curva al final. La s, se enlaza con el signo precedente. La t, cuyo travesaño aparece colocado a la derecha del astil sin cruzarlo.
En las primeras décadas del XVI, aparte de que son más frecuentes las reminiscencias góticas, la escritura humanística cursiva es más angulosa. A mediados de este siglo las reminiscencias góticas son más ocasionales, y se debe en muchos casos, a la rapidez en el trazado.
A medida que avanza el siglo, algunas cursivas comienzan a trazarse de forma más suelta, más rápida, y a mediados del siglo, coincidiendo con el reinado de Felipe II, adquiere ese aspecto inconfundible, producido principalmente por tener un mayor grado de inclinación. Son también típicos los caídos de algunas letras (h, p, q, y), que para enlazar con la letra siguiente vuelven a la izquierda o a la utilización de d uncial junto a la de tipo minúsculo. Estaríamos hablando de las llamadas humanísticas corrientes.


LA RECEPCIÓN DE LA ESCRITURA HUMANÍSTICA


MARCO GEOGRÁFICO-CULTURAL. DESDE ITALIA AL RESTO DE EUROPA

La aparición y expansión en Europa de la escritura humanística en Europa representa uno de los fenómenos culturales de más alto alcance, quizás por coincidir con circunstancias históricas que ayudaron a su consolidación y hegemonía: expansión del Viejo Continente en diversos órdenes de la vida, como las exploraciones transoceánicas, el desarrollo económico, la aparición de grandes potencias continentales, la plenitud del estado moderno y el acceso de estratos sociales cada vez más amplios a la alfabetización.
Además, la irrupción de la imprenta en el panorama gráfico europeo supuso una interacción entre escritura a mano y escritura impresa que tendrá consecuencias muy importantes en el mundo de la cultura escrita.
La escritura Humanística surge en Italia, en el primer cuarto del siglo XV. Varios son los factores que propiciaron la creación y el posterior desarrollo de la misma:
El marco geográfico-cultural, la antigua Roma, idóneo ya que en este lugar, Italia, se dio el primer Renacimiento, que posteriormente se extrapolo al resto de Europa, y el movimiento cultural del humanismo que llevó las ideas del renacimiento a todos los ámbitos de la geografía europea.
En ninguna otra parte el terreno y condiciones eran tan propicias como en Italia para realizar estos cambios gráficos. La escritura «libraría» italiana, aun participando de las características generales de la «gótica», había mantenido la redondez de la minúscula precedente, y algo parecido ocurría con la escritura «cancilleresca», máxime con la empleada en la cancillería pontificia, que se servía de tipos bien caracterizados dentro de la escritura «minúscula de transición».”[5]

LOS HUMANISTAS… PETRARCA. EL PAPEL DESTACADO DE FLORENCIA

Gracias al movimiento cultural-ideológico del Humanismo, los propios humanistas, sus escritos, la circulación de sus ideas, posibilitaron la llegada de este sistema escriturario.
“Esta escritura se caracteriza por ser una escritura elegante, nítida y armoniosa, reflejo y plasmación del pasado clásico y principal vehículo transmisor de la ciencia, de la cultura y de la ley, podría representar el «nuevo espíritu» y la «nueva sociedad», nacidos al socaire de múltiples circunstancias, factores y tendencias, pero, sobre todo, símbolo de un amplio movimiento renovador y del ansiado deseo de transformación y de cambio”.[6]
Otro de los factores, y en relación con el anterior, lo personalizamos en Francesco Petrarca, precursor de diversos aspectos del ámbito cultural e ideológico, también en el campo de la escritura, en uno de sus escritos “Cartas familiares”, mostró un profundo desprecio por lo medieval, en la escritura lo gótico. Buscaba una vuelta a lo antiguo (Roma). Sin embargo, no llego a estructurar la escritura humanística, fueron sus discípulos y seguidores quienes terminaron por imponer este sistema de escritura.
“Para Petrarca, la escritura Carolina era más clara y nítida. Petrarca en sus escritos incorporo una serie de cambios morfológicos, suavizando el trazado de los caracteres góticos usados en su tiempo, espaciar los renglones, individualizar las letras y mejorar la legibilidad del texto”.[7]
El modelo de escritura que consideraban adecuado, para la plasmación de sus ideas, fue la Carolina de los siglos IX al XII, a la que erróneamente aluden los humanistas como Romana.
El camino iniciado por Petrarca, fue seguido por sus discípulos y seguidores, quienes fueron los auténticos creadores de un canon perdurable. El patrón gráfico funciono porque sus signos fueron empleados por los humanistas para difundir sus ideas.  [8]
“Por consiguiente, como apunta la profesora M. Luz Mandingorra, la minúscula «humanística» —la «antiqua»—, fue una escritura de élite, cuya difusión mantiene gran paralelismo con la cultura docta de la que era expresión. Lo reducido de su ámbito social se debía, sin duda, a la función que se le reservaba —el libro humanístico era un libro de lujo, elegante y costoso, al que se incorpora además de la ornamentación, el gofrado, diversidad de orlas, miniaturas, profusión de dorados, etc.—, pero también al hecho de que su enseñanza se encontrara, en los inicios, ausente de las escuelas y centros docentes, por lo que su reproducción sólo se efectuaría imitando, bien modelos altomedievales escritos en la «minúscula Carolina», bien modelos humanísticos coetáneos. Cuando la enseñanza de la escritura «humanística » se introdujo en los centros escriptorios y escuelas: «bottegue scriítorie», su difusión se aceleró, al tiempo que se abría la posibilidad de proceder a una modificación del canon”.[9]
De estos seguidores y discípulos de Petrarca, destacamos a su discípulo Giovanni Boccaccio, en su escritura se percibe el redondeamiento de los trazos y el equilibrio ordenado de las formas según el modelo petrarquista, también destacamos a Coluccio Salutati, Niccolo Niccoli y Poggio Bracciolini. El primero de ellos, C. Salutati (1331-1406) secretario de la república de Florencia, escribe en letra parecida a la de Petrarca. Él fue quien propuso como modelo de escritura la letra «Carolina», a la que da el calificativo de «antiqua littera» por considerarla propia de la antigüedad clásica romana.
“Es precisamente, en los círculos humanísticos de Florencia donde se establece una corriente de innovación gráfica que culminará en la letra «humanística caligráfica», reservada no sólo a libros sino también a documentos de cierta relevancia y solemnidad. La búsqueda de códices carolinos altomedievales con textos de obras de autores clásicos procedentes, por lo general, de las grandes abadías benedictinas, donde habían sido copiados durante los siglos IX al XII constituye el punto inicial de partida de esta reforma gráfica renacentista”.[10] 
“Niccolo Niccoli (1364-1437) prolonga esta corriente hasta la generación siguiente. Fue el fundador de la escuela escriptoria de Florencia, Niccoli no fue escriba profesional ni firmó los manuscritos que se le atribuyen; las obras manuscritas identificadas y tenidas como suyas son copias hechas entre 1421 y 1432. Empleaba caracteres humanísticos cursivos con ligeras reminiscencias góticas.
Y es el humanista Poggio Bracciolini (1380-1459) -secretario de diversos pontífices- quien la lleva a su perfección y acabamiento en un códice del año 1402-1403 (aunque el profesor Battelli, en sus Lezioni di Paleografía, retrasa la fecha hasta 1408), considerado por varios autores como «el primer manuscrito datable en escritura humanística». Se trata del «Códice Laurenziano Strozziano 96», que contiene el tratado «De Verecundia» de Coluccio Salutati.
Los manuscritos copiados por Bracciolini son auténticos modelos de «Carolina» espontánea y elegante, resaltados con capitales cuadradas para las iniciales. Dicha letra pasa de los códices a los documentos, sustituyéndose lentamente la «gótica cursiva» por otro tipo, también cursivo pero de corte humanístico, que muchos denominan «humanística cursiva»”.
Se dirige de Florencia a Roma para asumir la «Secretaría Pontificia de Breves», con el fin de atender su biblioteca, costeó la formación de tres copistas, a quienes enseñó la «littera antiqua». De este modo la escritura Humanística, llega a través de este autor a la ciudad italiana de Roma.
“El consejero de Cosme de Médicis y del papa Nicolás V, Vespasiano da Bisticci (1421-1498) que se establece en Florencia como vendedor de códices y libros con librería o establecimiento propio y, al mismo tiempo, como «tipógrafo» o elaborador y confeccionador (estacionario) de libros de encargo, con copistas a su servicio en Italia, Hungría, Alemania, Portugal, Inglaterra, etc.— completa el sistema y gremio librero en Florencia en la segunda mitad del siglo XV, dando preferencia, en cuanto a uso, a la «letra antigua». Fernando I Ferrante, hijo de Alfonso V de Aragón y rey de Nápoles desde 1458, figura entre los principales clientes de Bisticci.
Durante su reinado, continuando el mecenazgo de su padre, tiene lugar el gran florecimiento y desarrollo de la «Escuela napolitana de letra antigua», organizada al parecer por Pietro Strozzi. En ella trabajaron, Antonio Sinibaldi, Giovanni Marco, Giovanni Rinaldo Mennio, Giacomo Curio, Pietro Ursuleo y Clemente Genovesi.
A esta «Escuela napolitana» de copistas en «littera antiqua», de capital importancia para la transmisión y trasvase de dicha letra a la península Ibérica (Corona de Aragón), estuvieron también vinculados Niccolo Perotto, Antonio Becadelli y Giovanni Pontano, sin contar otros célebres humanistas protegidos por la corte napolitana, destinados no sólo a la composición y escrituración de códices y manuscritos sino también a la elaboración y expedición documental y de interrelación oficial. Baste citar a algunos: Lorenzo Valla, Bartolomé Fazio y Eneas Silvio Piccolomini.
Aparte de las escuelas mencionadas, hubo otras, sin duda de menor relieve y significado, pero importantes y decisivas en la reproducción de códices, a las que se difundió con rapidez la «humanística». Dichas escuelas de segundo orden, influenciadas principalmente por la florentina, se ubican en distintas ciudades italianas de cierto relieve económico, social y político. Una de ellas fue la de  Urbino, ciudad en la que el juez Federico Veterano compiló un catálogo de 606 códices latinos y 93 griegos que atesoraba la biblioteca de su señor, el duque Federico de Montefeltro (1442-1472) . Sabemos que Roma, ya en 1429 había acogido la «letra antigua» como se observa en el Códice Vaticano 1862 de la Germania de Tácito, y un dato aun más importante: que en pleno siglo XV esta «littera antiqua» acaba por imponerse sin modificaciones en gran parte de documentos de cancillería, si exceptuamos las bulas, hecho decisivo en cuanto a su difusión, ya que por influjo de la principal cancillería de la Iglesia-Romana (capital de la cristiandad), su uso se extendió a otras cancillerías eclesiásticas y civiles. Junto a Bartolomeo Sanvito, quizá el humanista romano más célebre del siglo XV sea Pópenlo Leto (1428-1498), continuador del sistema de su maestro Lorenzo Valla y autor de un Compendio Storico, que abarca desde Gordiano a Justino III. Con características propias, tendentes a una mayor fidelidad al tipo de la «semigótica», se producen códices humanísticos en Ferrara, coincidiendo el período de mayor esplendor bajo el dominio y patrocinio de la célebre familia nobiliaria de la Casa del Este (1450-1471). Se considera obra maestra de la escuela ferranense la Biblia de Bors, escrita el año 1461 por los amanuenses Pietro Maroni y Bernardo de Alemania. Ambos escribas serán imitados y seguidos por un digno émulo: Nicolo Mascarino. Hacia 1490, ahora en Bolonia, descuellan Pierantoni Sallando y Gerolamo Pagliarolo, quienes trazan una «littera antiqua» solemne y de curvas suavizadas, por lo general de letras anchas, pero más serena y de mayor módulo y con astiles más pronunciados que los modelos florentinos. En Milán destacan como principales copistas de este tipo de letra Cosimo Raimondi Cremonese y Francesco Bossi (obispo de Como), siendo importante la biblioteca formada por las familias de Visconti y de Sforza. En Cesena, debido a la iniciativa de Domenico Malatesta Novello, se formó otra espléndida biblioteca humanística, la cual perdura en la actualidad. Otras ciudades: Verona, Mantua, etc., con pequeños círculos culturales, acogen escuelas en las que se escriben interesantes tratados tanto en letra «humanística caligráfica» como «cursiva»”.[11]
El proceso de formación de la escritura humanística, comenzó en la ciudad italiana de Florencia, fueron los propios humanistas las que a través de sus ideas, sus viajes llevaron este sistema escriturario a otras ciudades italianas como Roma, Milán. etc.…
Cuando estos tipos humanístico-renacentistas consiguen expandirse por toda Italia con un alto grado de canonización y tipificación, los modelos italianos del siglo XV se difunden por toda Europa, produciéndose a lo largo de esta centuria decimoquinta, según los países, nuevas modalidades gótico-humanísticas, que desembocan en las típicas «humanísticas» de las centurias siguientes.

LA RECEPCIÓN DE LA ESCRITURA HUMANÍSTICA EN EUROPA Y EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

En el caso de la Península Ibérica, se siguen modelos italianos, estos se introducen, por razones políticas de dependencia, en primer lugar en la Corona de Aragón. Para Luisa D'Arienzo los primeros ejemplos de «minúscula cancilleresca» con fuerte influencia «humanística» se observan ya hacia 1435, concretamente en la correspondencia mantenida entre Alfonso V con sus funcionarios de la península. La nota más característica de esta «humanística cursiva cancilleresca» probablemente sea su trazado intermedio entre la «antigua» y la «itálica» ''.
En Castilla se va introduciendo en diferentes etapas. Sus inicios tienen lugar tras la unificación peninsular, de modo claro y definitivo, durante el reinado de Carlos V.
Con relación a los territorios de Ultramar (Hispanoamérica y Filipinas) la escritura presenta características semejantes, en cuanto a morfología y evolución, a las de la metrópoli. Tienen una gran significación, los códices post-cortesanos trazados en una escritura mixta. En primer lugar, el Codex Vindobonensis, acabado en 1527 y conservado en Viena, que reúne varios documentos complementarios de las «Cartas de Relación» de Hernán Cortés, escritos por once manos distintas que utilizan una escritura mezcla de «procesal» y «humanística». El Códice Mendoza, compuesto por orden del virrey Antonio de Mendoza (1535-1550) y que se conserva en Oxford, escrito en letra pictográfica indígena de gran valor artístico; a cada imagen le acompaña su significado en escritura «humanística cursiva», con influencia de la «procesal». El Códice Tudela del año 1553 y que forma parte de los llamados «Códices Antológicos», entre otros, el Vaticano-Ríos (en El Vaticano), el Magliabeccliiano (en Florencia) y el Telleriano-Remense (en la Biblioteca Nacional de París) está trazado en una escritura «mixta» en la que predominan los elementos procesales sobre los humanísticos. El Códice Osuna, redactado entre 1565-1566, consta, como el Mendoza, de pinturas indígenas y de escritura «mixta», en este caso predominando la «humanística cursiva» con inclinación hacia la derecha. Algo parecido puede decirse del Códice Cabezón, conservado en la Real Biblioteca de El Escorial, en cuanto a la escritura empleada y fecha de elaboración. El Códice Duran, acabado en 1579 por el dominico Diego Duran y conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, es otro ejemplo de escritura «mixta», predominando considerablemente en él la «humanística cursiva».
Posteriormente se impone en Hispanoamérica la escritura «itálica», con ejemplos prototipos como el Códice Badiana (traducción latina que Juan Badiano hizo de un libro sobre hierbas medicinales usadas entre los indios, escrito en náhuatl por Martín de la Cruz), que se conserva en El Vaticano y está escrito en letra «itálica» perfecta muy caligráfica, y la Nueva Crónica y Buen Gobierno, de principios del siglo XVII, escrito por el mestizo Felipe Huamán en lengua española muy pobre con mezcla de quechua y, en cuanto a escritura, en letra «itálica» .
En Francia la «humanística», por lo general, es letra inclinada y cabeceante, al estilo de la italiana, pero de trazo más complicado. Se consolida, al igual que en España, durante la centuria decimosexta a partir de 1550 De la primera generación de humanistas franceses que emplean de Montreuil.
En Inglaterra, que es donde antes se adoptan los caracteres humanísticos, éstos son más caligráficos, alcanzando carta de naturaleza a comienzos del siglo XVI. Los propios profesores de la celebérrimas Universidades de Cambridge y Oxford, tras residir en Italia, son los encargados de introducirlos en su país.
Finalmente, en Alemania, la «humanística» presenta reminiscencias de su típica gótica cursiva. Aunque en el siglo XV existió una discreta penetración (su escritura «cancilleresca» se denomina «fraktur»), no será hasta dos siglos después cuando coexista con la «cursiva cancilleresca» («Kanzleischrift») y sólo en el siguiente (siglo XVIII) Cuando se impone la Kurrentschrift», es decir la escritura «humanística corriente».


LA IMPORTANCIA DE LA IMPRENTA


Durante siglos, la escritura se ha realizado manualmente. Los inconvenientes promovieron la búsqueda de soluciones más eficaces para mejorar el rendimiento de la producción, sobre todo a partir del siglo XIV. Los primeros intentos se realizaron a partir de la creación de una matriz o superficie dura sobre la que se grababa el texto y/o la imagen que se deseaba reproducir.


En un primer momento las láminas sobre las que se grababan eran de madera, en Países Bajos y zona noroccidental de Francia (s. XIV). Esto se difunde por toda Europa. Para mejorarla se paso de láminas de madera al empleo de láminas metálicas, mejorando así la calidad final del producto.
En los talleres de los orfebres florentinos, encontramos los testimonios calcográficos más antiguos, esto se debe al enorme desarrollo intelectual de esta zona geográfica, de aquí se irradia al resto del continente europeo.
En España predominó la técnica calcográfica, sin embargo en el resto de Europa predominan los restos xilográficos.
La imprenta fue una invención que afianzó y amplificó los poderes reconocidos desde antaño a la escritura. El procedimiento aportaba rapidez a la ejecución del producto, ahorro de mano de obra, uniformidad del texto difundido, menor coste del ejemplar, y sobre todo, basta difusión del mensaje. Tales ventajas determinaron que la tipografía fuera desde sus inicios bien acogida por distintas instituciones, las cuales supieron detectar con prontitud el rendimiento que se podía obtener de la aplicación de semejante recurso.
La introducción de la imprenta en Occidente marcó el comienzo de una nueva era cultural.
Cabe decir, que la introducción de la imprenta, en su origen se extrapola a todo lo relativo del ámbito cultural e intelectual, pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XVI cuando podemos empezar a considerarla en todos los ámbitos. Por tanto, aunque esta nació en el siglo XV no alcanzará su máximo desarrollo hasta la segunda mitad del siglo XVI.
La gran innovación de la imprenta fue el carácter mecánico de esta. Proporcionó mayores posibilidades para fabricar una determinada imagen del libro, facilitando la fijación del canon gráfico, regularización de los títulos, generalización del foliado o signaturado, el perfeccionamiento de los sistemas de puntuación, abreviación y división de las palabras, o la versatilidad del pluralismo gráfico; creando nuevas formas que incidieron sobre las maneras de leer y de apropiación del texto. A la vez que hizo real la posibilidad de obtener múltiples copias de un mismo texto en menos tiempo y a más bajo precio.
Los libros impresos tiene su origen en la tipología y estructura del libro manuscrito de los siglos XII y XIII. Existen libros manuscritos copiados de libros impresos y también impresos que trataban de imitar con su tipo las letra de los manuscritos, existían libro, mitad manuscrito, mitad impresos, esto evidencia la complejidad de la cultura escrita. Esto nos ha llevado a la falsa creencia de la sustitución automática e irrevocable del libro manuscrito por el libro impreso.
En el orden documental, la imprenta hizo posible la estandarización de algunas tipologías, como las cartas de obligación, las cartas de ventas, los mandamientos para vender y sacar o las cartas de poder y procuración, entre otras, de manera que el notario o el escribano no tenía más que rellenar los espacios en blanco relativos a los datos específicos del hecho escriturado.
En conclusión, la imprenta repercutió en el panorama de la cultura escrita mediante la mecanización de la escritura, lo que se dejó sentir en la uniformidad de las grafías y la textualidad de la obra, el cambio del referente gráfico y la fijación del ciclo humanístico.
Inicialmente, la imprenta fabricó sus tipos tomando como modelo las letras que circulaban en forma humanística. Después sucede todo lo contrario, es la imprenta la que contribuye a la canonización de la escritura en las dos formas de la humanística, redonda y cursiva. Razones de prestigio cultural, ligada al humanismo, pero también motivos económicos relacionados con el ahorro en la adquisición de los tipos, condujeron a la hegemonía gráfica de la humanística impresa, creciente pero relativa e la primera mitad del siglo XVI y más clara en la segunda parte y a lo largo de las centurias siguientes.[12]


MULTIGRAFISMO RELATIVO EN LOS SIGLOS XVI Y XVII


En el sector de la producción manuscrita se continuó con la tradición del multigrafismo hasta finales del siglo XVIII.
Coexisten distintas opciones gráficas debido a la distribución funcional, es decir, hay diferentes grafías según lo que se quiera escribir. Coexisten diversas opciones gráficas, todas responden a distribución funcional. Ciertamente el proceso de escrituración había alcanzado un punto culminante. En al panorama general trazado por el calígrafo ni siquiera una alusión a la variedad que procedía del filón gótico cursivo, es decir, la letra cortesana degenerada en procesal. El arte del buen escribir era antagónico respecto del patrón de aquellas escrituras, ya empezaban a ser consideradas residuales y obra exclusiva de la administración de la justicia.
El maestro Francisco Lucas enumera seis clases de letrerías fundamentales:
A)    La bastarda: tipo derivado de la humanística inclinada o cursiva.
B)    La redondilla: fusión de escritura gótica cursiva y de humanística.
C)    Letras latinas: capitales romanas epigráficas.
D)    Redonda de libros: escritura gótica pura.
E)     Grifo: escritura tipográfica inspirada en la humanística inclinada.
F)     Antigua: escritura tipográfica inspirada en la humanística derecha.

Se dio una profunda modificación del esquema del siglo XV. Frente a las clases de letras de ascendencia manuscrita, figuran ya un par de ellas que vienen a través de la imprenta. Lo cual nos indica unas corrientes de ida y vuelta entre ambas técnicas de reproducción textual. Las formas mecánicas imitaron a las manuales. Luego, las manuales se inspiraron en las mecánicas. A finales del siglo XVI aún quedaban restos de la distribución funcional en trance de desaparición[13].






[1] Galende Díaz, J. C., “La Escritura Humanística en la Europa del Renacimiento” en Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Hª Medieval, t. 11, 1998, págs. 187-230.
[2] Riesco Terrero, A., Introducción a la Paleografía y la Diplomática General, Síntesis, 1999, págs. 151.
[3] Riesco Terrero, A., Introducción a la Paleografía y la Diplomática General, Síntesis, 1999, págs. 152-154.
[4] Riesco Terrero, A., Introducción a la Paleografía y la Diplomática General, Síntesis, 1999, págs. 155-159.
[5] Galende Díaz, J.C., La Escritura Humanística en la Europa del Renacimiento, en Historia Medieval, t. II, 1998, pp. 187-230 pagina 200.
[6] Galende Díaz, J.C., La Escritura Humanística en la Europa del Renacimiento, en Historia Medieval, t. II, 1998, pp. 187-230 pagina. 196.
[7] Riesco Terrero, A., Introducción a la Paleografía y a la Diplomática General, Madrid, 2000, pp. 149-176. pagina 150.
[8] Riesco Terrero, A., Introducción a la Paleografía y a la Diplomática General, Madrid, 2000, pp. 149-176 p. 150-151.
[9] Galende Díaz, J.C., La Escritura Humanística en la Europa del Renacimiento, en Historia Medieval, t. II, 1998, pp. 187-230 pagina 200.
[10] Galende Díaz, J.C., La Escritura Humanística en la Europa del Renacimiento, en Historia Medieval, t. II, 1998, pp. 187-230 pagina 200.
[11] Galende Díaz, J.C., La Escritura Humanística en la Europa del Renacimiento, en Historia Medieval, t. II, 1998, pp. 187-230. 
[12] Castillo Gómez, A., Escrituras y Escribientes, Prácticas de la cultura escrita en una ciudad del Renacimiento, Las Palmas de Gran Canaria, 1997. pp. 107-108.
[13] Riesco Ternero, A., Introducción a la Paleografía y la Diplomática General, Síntesis, 1999, págs. 149-176.