sábado, 23 de mayo de 2015

BELMEZ: CASTILLO Y DOLMEN

CONTEXTO HISTÓRICO:



Los restos que se conocen de momento de Belmez, pertenecen al Neolítico final. Proceden del yacimiento de Sierra Palacios, y se trata de varios fragmentos de cerámica decorados a base de una capa de pigmento rojo (almagra) que recubre toda la superficie. La etapa mejor y más representada en Belmez es la que sigue al Neolítico, el Calcolítico, de la que se cuentan además de poblados sepulturas de varios tipos y fases.

Es constatable la huella de la presencia romana, encontrándose lugares como: inhumación con lápida funeraria, minas de cobre, minas de hierro, etc.
También es observada la presencia visigoda, encontrándose un hábitat al sur de la aldea de El Hoyo, y también conocido el ladrillo visigodo de Belmez.


Belmez se formó tras la reconquista al amparo del castillo, empinado sobre una imponente elevación caliza, y se expandió hacia el camino real de Córdoba.

Los vestigios humanos en el término de Belmez se remontan hasta el Paleolítico y se prolongan por el Eneolítico, las culturas dolménicasibérica y romana, y por las épocas visigoda y musulmana, quedando esta última plasmada definitivamente en su paisaje, por el castillo que corona la población. Poco después de la conquista de Córdoba en el año 1236 se asentaron en estas tierras algunos vecinos de Fuente Obejuna atraídos por su riqueza. Hasta el año 1458 estuvo sujeta a la jurisdicción de Córdoba, pasando después a manos del maestre de Calatrava don Pedro Téllez. El descubrimiento por parte de un vecino de Almadén de las posibilidades carboníferas que caracterizan al término municipal de Belmez, originó una fortísima inmigración a principios del siglo XX.


CASTILLO:

El castillo de Belmez, al igual que otros que poblaron el norte de la provincia de Córdoba, custodiaba el camino viejo de Los Pedroches.
A la fortaleza se llega por una empinada y zigzagueante escalera que parte desde la calle Rafael Canalejo Cantero. A lo largo de su recorrido se han dispuesto algunos descansillos que permiten recuperar el aliento, y desde los que puede verse la cantera que, en el siglo XIX, a punto estuvo de arruinar este enclave.
El acceso al recinto se realiza a través de una puerta acotada, situada en uno de los cubos. Al lado de ella había una torre albarrana, típico sistema defensivo árabe.
De forma alargada, su planta se adapta al terreno sobre el que se asienta, una enorme roca infranqueable por el lado noroeste por un profundo acantilado. Seis torres semicilíndricas dispuestas a lo largo de una muralla con tramos de distintos grosores rodean el recinto interior, en cuyo patio de armas, hoy cubierto de vegetación, perdura un aljibe conocido popularmente como la pisada del caballo, y que, dadas las características del terreno, siempre contiene agua.
La torre del Homenaje, de planta pentagonal y once metros de altura, está dividida en dos plantas rematadas en bóvedas de ladrillo. Su interior revela hoy día las desafortunadas y antiestéticas labores de reconstrucción que, sin tener en cuenta el pasado, se realizaron en el año 2001. Estuvo rematada por matacanes y almenas, elementos claramente defensivos que han desaparecido con el paso del tiempo. De entre sus escasos vanos destaca una ventana con arco de medio punto. Desde sus balcones pueden verse Sierra Palacios, el pantano de Sierra Boyera y un lago artificial originado de una explotación minera. Desde la parte más alta de la torre se divisa también las localidades próximas, algunos pozos mineros y las vías férreas que antaño fueron de pasajeros entre Córdoba y Almorchón y que hoy sólo se usan para el transporte de mercancías.

DOLMEN DE CASA DE DON PEDRO:

Comenzado el Neolítico (4200 a.C.) un grupo agrícola y ganadero se estableció en las proximidades de del arroyo de Fresnedoso. A partir de ese momento, en el que la tierra adquiere un alto valor al garantizar su reproducción social y económica, y ante la posible competencia con grupos vecinos, este grupo legitimó el derecho a la explotación del territorio mediante la erección de un menhir (poco tiempo después erigieron un segundo menhir junto al anterior).
Estos menhires, situados sobre excelentes zonas de labor y pastos actuaron como marcadores territoriales, simbolizando el derecho de posesión de la tierra y como espacio sagrado en el que se realizaban rituales. A finales del Neolítico (3200-2700 a.C.) empieza a intensificarse la agricultura y la ganadería, hecho que provocó un aumento demográfico que desembocó en una competencia entre los grupos por la posesión de las tierras más fértiles y en la construcción de poblados en los sitios más fáciles de defender como Sierra Palacios. Estos nuevos grupos dejan constancia de su derecho a la posesión mediante la integración de los menhires en un dolmen destinado a alojar los restos óseos de determinados miembros del grupo. Las excavaciones han puesto de manifiesto tres fases constructivas y otras tantas de cierre del sepulcro y alguna violación del mismo.
A mediados del III milenio a.C. los grupos se establecen preferentemente en cerros elevados y de fácil defensa a lo largo de todo el Alto Valle del Guadiato (Sierra Palacios, La Calaveruela, Los Castillejos, etc.). La intensificación económica alcanzó a todos los niveles limitándose el acceso a determinados recursos, los de cobre por ejemplo, que simbolizaban el estatus del poseedor (tanto en la vida como en la muerte). El alto simbolismo de este dolmen hizo que los bienes que acompañaban a los muertos volvieran a ser deseados por los vivos. Esto motivó que el sepulcro fuera violado, cayéndose un bloque a causa de la labor de zapa efectuada para acceder al interior y eludir el anterior cierre. A continuación el corredor se volvió a reparar añadiendo dos lajas, una en el lateral norte y otra en el sur, recuperando así su simetría.